miércoles, 20 de mayo de 2020

LAS MASAS


Las masas 
Joaquín Benito Vallejo






La masa es una unión apelmazada de elementos, formando un cuerpo compacto, informe, sin forma, indistinguibles los elementos que la  componen. La masa humana también es eso.


¿Cuál es la estructura psicológica característica de las masas?
Antes, quizá, tengamos que preguntarnos quiénes son las masas. Qué es lo que definimos o llamamos masa humana.

Quizá lo más característico de la masa es ser una agrupación de individuos. Su actuación como masa es diferente a la de ser individuos aislados. De forma similar a como un grano de arena es diferente a una playa. En la masa se concentran y condensan las características de los individuos aislados. Al condensarse más, tiene más posibilidades de explotar y la explosión es mayor, mucho más grave. Un individuo aislado, no tiene ningún poder prácticamente.  La masa, por el contrario, despliega un gran poder. Las reacciones en un individuo son muy limitadas, las reacciones de la masa pueden causar estragos.

La masa es una plaga. Una jauría.

Las masas son el común de la gente. La mayoría de la población. Y se les define, por lo que hacen. Porque esta gente hace una serie de cosas comunes. Y piensa de una manera parecida. Y se comportan de similar manera.

¿Y qué cosas hacen? ¿Y qué piensan? ¿Cómo se comportan?
Son los que hacen lo “normal”. Lo que “dios”, manda. Los que tienen el “sentido común”. Quienes siguen las reglas y normas establecidas.
Los que se erigen en policías o porteros de ese estado en cuanto tienen la oportunidad.
Los que se toman la justicia por su mano. Exclaman: ¡esto lo arreglaba yo en un chispazo!
Les dicen a los demás lo que hay que hacer según venga el caso.
Ejemplifican la domesticación, la corrección, el buen comportamiento, la uniformidad.
La oveja que no se sale del redil, pero que a la vez es “más papista que el papa”. Imita o quiere seguir tanto a su líder que parece ser más que él por lo que dice o quiere hacer.
El más autoritario, el más fascista. Como podemos ver, todas estas características no tienen ningún valor en un elemento o individuo aislado. Cuando lo tienen realmente es cuando se convierten en masa y explotan.

¿Y por qué, estos individuos son así?
Porque en el fondo no son nada. No tienen ningún valor en sí mismos. Carecen de identidad propia, dependen de los demás para ser ellos. No se han realizado como personas humanas, como seres humanos únicos con sus propios valores y características.
Sus capacidades y potencialidades no han tenido la oportunidad de desarrollarse.
Una de las necesidades humanas básicas -como la de todo ser vivo-, es ser autónomo, independiente, libre, no estar sometido a otro individuo o símbolo, material o psicológicamente.
(Somos dependientes unos de otros si, pero no esclavos ni afectiva ni materialmente)
Sus necesidades más esenciales como seres han sido reprimidas y castradas. Entonces, reaccionan, -de ahí viene la palabra reaccionario, que tiene un significado similar a fascista -obligar a otro realizar algo-. “Reacción” en psicología tiene el significado de defenderse visceralmente de algo que no existe, pero, el que lo hace, el que reacciona, se siente atacado por ello. ¿Y por qué se siente atacado?
Porque en el fondo de su alma, siente que no es nadie, que sus necesidades más esenciales como SER han sido cercenadas, ahogadas.
Él no es consciente de esto. Él se siente mal, amargado, cabreado, irascible, triste, incierto, no sabe por qué, pero su reacción más básica, es posicionarse contra los otros, sobre todo los que son distintos a él, porque proyecta sobre ellos su malestar, como si ellos fueran los culpables.
Los otros como individuos distintos se convierten en chivos expiatorios de sus desagracias.
El ser distinto es porque piensa o se comporta de modo diferente a lo habitual, a lo establecido.
Están sometidos psicológicamente a la autoridad y reaccionan contra los que sienten que son libres, siente que ellos son sus enemigos, cuando realmente desea ser como ellos, pero no lo puede admitir.

Practican la doble moral porque todos lo hacen, dicen. Y la hipocresía, y el cinismo, y la mentira y la justificación.
  
Quizá todo esto es un poco ambiguo.
¿Podíamos arriesgarnos a decir algo más concreto?

Quienes siguen sin más, las normas, las costumbres y las tradiciones establecidas por el grupo, la tribu, el pueblo, la nación, la cultura, la religión…, de una manera instintiva, visceral, sin pensar ni razonar. Y que después justifican sus conductas como algo lógico, razonable, normal, legal incluso. Asumen los tópicos, los clichés, los mitos, los dichos, las creencias.
Tienen escasas facultades para pensar fuera de la norma y del grupo o de la secta de la que forman parte.
No piensan como un individuo aislado. Tienen una mente -o un pensamiento- previsible, esquemático.
Son un círculo cerrado -o una cabeza cuadrada- que cierra y encierra lo establecido.
No quiere decir solo que sean pobres y sin recursos económicos para acceder a estudios y una cultura superior, sino que los estudios y la cultura que obtienen se basan también en lo aceptado tradicionalmente. Luego, la masa es trasversal, es rica y pobre, aunque los ricos usen distintivos para demostrar que son ricos: coches, ropa, casa, etc., y quieran distinguirse siempre de los pobres por sus posesiones materiales no por sus desposesiones mentales, sus cabezas vacías.

No son seres realizados y por tanto, frustrados. Han cubierto lo que se considera las necesidades básicas materiales.
No aspiran a más porque no saben que existan otras necesidades. No han adquirido una capacidad crítica con su cultura ni sus estudios, tienen aprendizajes meramente mecanicistas, que no hacen mella en el interior del espíritu. Acumulan datos como máquinas pero sus vivencias transformadoras son mínimas.
Esto nos lleva también a decir que tienen una estructura psicológica parecida basada en la educación tradicional. Y más aún en una educación domesticadora. Una educación que prepara al ser humano para trabajar y seguir la norma sin rechistar, asumiendo el papel que le ha tocado. Otra cosa más, esta educación fija al ser humano en una etapa primitiva de la existencia, el egocentrismo, en que la identidad personal queda fijada en la consanguineidad, familia, la raza, la patria o la religión.
 No tienen identidad personal, sino identidad de grupo, bien sea la familia, la región, el equipo de futbol, el estado, la religión. Y esa no identidad es lo que les da seguridad y fuerza, porque su identidad está fuera de sí, en el grupo.
 No se ha accedido a la dimensión transpersonal, no tiene apertura al mundo, no se identifican con la humanidad, no son planetarios ni mucho menos.
Esa personalidad se caracteriza por la frustración -inconsciente- de no haber desarrollado sus propias potencialidades, de estar atado de un modo psicoafectivo a los demás, dependiendo de ellos, no solo de su opinión sino de su ser.
No tienen capacidad crítica ni razonamiento lógico. Precisamente, porque su razonamiento está condicionado y tergiversado por su psicología, es decir, por su carácter y personalidad. Unida a una ideología que la justifica y la refuerza.
Por esa razón, el pobre vota a quien le roba, a quien le explota. Porque se siente partícipe del rico, del amo, o del patrón o de quien predica esas religiones. Porque él también roba a quien pueda -es la doble moral-. El de arriba me roba a mí y yo robo al de debajo de mí. Son los escalones de las jerarquías en las que cree.
Como decía mi tía: --“en mi casa mandamos todos: mi padre manda a mi madre, mi madre me manda a mí, yo mando a mi hermano pequeño, todos mandamos aquí”.
Depende del de arriba a nivel psicoafectivo. Cree que sin el líder, sin el rico, sin el patrón, sin el cura, sin el alcalde, él no puede vivir. Él no es nada. Ha de pertenecer a la horda para ser algo
Pero esa creencia es en la mayoría de los casos inconsciente.
Por esa misma razón considera más importante la patria, que las  necesidades más básicas de los ciudadanos.

El rico que pertenece mentalmente a la masa, pero que no es millonario, le pasa algo parecido al pobre. No tiene personalidad trascendente. Es egoísta y frustrado como el pobre, su identidad está anclada en la familia y la patria. No piensa más allá de eso.
Aunque tenga satisfechas las necesidades básicas no es altruista, no es trascendental, ni planetario, ni humanitario. Le queda, eso sí, la caridad con la que se puede sentir libre de culpa.

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