viernes, 17 de marzo de 2023

MARXISMO Y PSICOANALISIS - E. FROMM

 

I.              MARXISMO Y PSICOANALISIS

 

El marxismo es un humanismo y su objetivo consiste en procurar el pleno desarrollo de las potencialidades del hombre.

En lo referente al hombre, la gran obra de Marx consistió en liberar las categorías económicas y filosóficas, de sus expresiones abstractas y alienadas, y en aplicar la filosofía y la economía ad hominem.

 

Si no se entiende esta preocupación de Marx, nunca se comprenderá ni su teoría ni la falsificación a la que ésta fue sometida por muchos de los que dicen practicarla.

 

La obra de Marx, está poblada de conceptos psicológicos. Sin embargo, no contiene prácticamente teorías psicológicas, exceptuando algunas observaciones fragmentarias tales como distinción entre impulsos fijos (como hambre y sexualidad) e impulsos flexibles de origen social

Los volúmenes que contienen la correspondencia no abreviada entre Marx y Engels revelan una capacidad para indagar profundamente las motivaciones inconscientes que honraría a cualquier eminente psicoanalista.

Marx murió en 1883; Freud empezó a publicar sus trabajos más de diez años después de la muerte de Marx.

 

La psicología apta para servir al pensamiento marxista debe ser aquella capaz de entender la evolución de estas fuerzas psíquicas como un proceso de interacción constante entre las necesidades del hombre y la realidad social e histórica en la cual éste participa. Debe ser, desde sus mismos comienzos, una psicología social. Y debe ser una psicología crítica, sobre todo crítica de la conciencia del hombre.

 

La teoría marxista necesita de una teoría psicológica, debe encarar los problemas de la identidad del hombre y del significado y el objetivo

de su vida.

El empleo de una psicología dinámica, crítica, socialmente orientada, tiene una importancia crucial para el mayor desarrollo de la teoría marxista y de la práctica socialista; Una teoría que tiene por centro al hombre no puede continuar prescindiendo de la psicología si no quiere perder contacto con la realidad humana.

 

El primer problema del que se deberá ocupar el psicoanálisis es el del “carácter social, matriz común a un grupo (nación o clase, por ejemplo) que determina efectivamente los actos e ideas de sus miembros.

Implica una elaboración especial del concepto freudiano de carácter, la manifestación relativamente estable de diversos géneros y tendencias de la libido, la energía psíquica orientada hacia determinados objetivos y emanada de determinadas fuentes. 

Explica el comportamiento como la expresión de nítidas tendencias pasionales. Dentro del cual, el comportamiento de los padres es el principal responsable del desarrollo de la libido.

El concepto de carácter social se refiere a la matriz de la estructura caracterológica común a un grupo. La formación del carácter social depende de la práctica de la vida tal como es constituida por la forma de producción y por la estratificación social resultante. 

El “carácter social” es aquella estructura particular de energía psíquica que una sociedad dada plasma con el propósito de que resulte útil para el funcionamiento de esa misma sociedad.

 

La persona debe querer hacer aquello que debe hacer para desempeñarse en una forma que permita que la sociedad utilice sus energías para sus propios fines.

Así pues, el capitalismo sólo funciona con hombres ávidos por trabajar, disciplinados y puntuales, cuyo mayor interés consiste en el lucro monetario, y cuyo principio fundamental en la vida consiste en el beneficio económico que deriva de la producción y el intercambio

 

El carácter social representa la forma en que se moldea la energía humana para aprovecharla como fuerza productiva en el proceso social.

El carácter social es reforzado por todos los medios influyentes de la sociedad: su sistema educativo, su religión, su literatura, sus canciones, sus chistes, sus hábitos y, por encima de todo, sus métodos familiares para criar a los niños.

Gran parte de la estructura de carácter de los individuos se forma en los cinco o seis primeros años de vida. Los padres son primordialmente los agentes de la sociedad tanto por su propio carácter como por sus métodos educativos.

 

La teoría de la libido está arraigada en el concepto mecanicista del

hombre como máquina, donde la libido (además del instinto de conservación) actúa como fuente de energía, gobernada por el “principio del placer”, y la reducción de la tensión incrementada de la libido a su nivel normal. 

 

Chocando con este concepto, Fromm intento demostrar 

 que las diversas tendencias del hombre, que es primordialmente un ser social, se desarrollan como consecuencia de su necesidad de “asimilar” (cosas) y de “socializar” (con gente), y que

las formas de asimilación y socialización que constituyen sus pasiones principales dependen de la estructura social en la cual él vive. En este concepto se interpreta al hombre como un ser caracterizado por sus tendencias pasionales hacia los objetos -hombres y naturaleza- y por su necesidad de relacionarse con el mundo.

 

El concepto de carácter social ofrece respuesta a importantes problemas que la teoría marxista no analizó a fondo.

 

1)    ¿Cuál es la causa por la cual una sociedad logra asegurarse la lealtad de la mayoría de sus miembros, aunque éstos sufran bajo el sistema y aunque su razón les diga que la lealtad a ella los perjudica? ¿Por qué su interés real como seres humanos no triunfó sobre sus intereses ficticios engendrados por todo tipo de influencias y lavados de cerebro ideológicos? ¿Por qué la conciencia de su situación de clase y de las ventajas del socialismo no fue tan eficaz como lo supuso Marx? Cuando una sociedad ha logrado moldear la estructura de carácter del hombre común de modo tal que le guste hacer lo que debe hacer, éste se siente satisfecho con las condiciones que le impone la sociedad.  “Puede hacer todo lo que quiere porque sólo quiere lo que puede hacer”. Un carácter social que, por ejemplo, está satisfecho con la sumisión, es un carácter mutilado.

 

2)    El concepto de carácter social también sirve para explicar el nexo entre la base material de una sociedad y la “superestructura ideológica”. La sociedad produce el carácter social, y el carácter social tiende a producir ideas e ideologías que se adaptan a él, que lo nutren, y a aferrarse a ellasNo es sólo la base económica la que crea un determinado carácter social que, a su vez, crea ciertas ideas. Las ideas, una vez creadas, también influyen sobre el carácter social, e indirectamente, sobre la estructura socioeconómica. El carácter social es el intermediario entre la estructura socioeconómica, las ideas y los ideales que prevalecen en una sociedad.  Es el intermediario en ambas direcciones: desde la base económica hacia las ideas y desde las ideas hacia la base económica.

 

3)    El concepto de carácter social puede explicar cómo una sociedad utiliza la energía humana, lo mismo que cualquier otra materia prima, para sus necesidades y sus fines. El hombre es una de las fuerzas naturales más maleables; se lo puede utilizar prácticamente para cualquier fin; hacer odiar o cooperar, someterse o erguirse, disfrutar con el sufrimiento o con la felicidad.

 

4)    También es cierto que el hombre sólo puede resolver el problema de su existencia con el pleno despliegue de sus poderes humanos. Cuanto más mutila una sociedad al hombre, más se deteriora éste, aunque conscientemente se muestre satisfecho con su suerte. Pero inconscientemente está disconforme, y esta misma disconformidad es el elemento que lo impulsa eventualmente a cambiar las formas sociales que lo mutilan.  El cambio y la revolución sociales emanan también del choque entre las condiciones sociales inhumanas y las inalterables necesidades del hombre.  Se puede hacer casi cualquier cosa a un hombre, pero sólo casi. La historia de la lucha del hombre por la libertad es la expresión más reveladora de este principio.

 

5)    El concepto de carácter social no es sólo un elemento teóricoCada carácter es una estructura cargada de energía, que se resistirá con la violencia o el obstruccionismo silencioso,

si se intenta cambiarla. Este síndrome debe su existencia a la norma común de producción que ha caracterizado la vida pobre durante miles de años. Lo mismo se aplica a una clase media baja en decadencia, ya se trate de aquella que llevó a Hitler al poder, o de los blancos pobres del Sur de los Estados Unidos.  La falta de toda forma de estímulo cultural positivo; el resentimiento contra su situación particular, que es la de los postergados por los movimientos evolutivos de su sociedad; el odio contra aquellos que destruyeron las imágenes que en otra época los llenaron de orgullo, crearon un síndrome del carácter que está integrado por el amor a la muerte (necrofilia), la intensa y maligna fijación en la sangre / la consanguineidad, el apego a los familiares de sangre / y el suelo, / la tierra donde se nació de donde deriva el regionalismo, patriotismo y racismo / y un violento narcisismo de grupo (que se expresa en un nacionalismo y un racismo vigorosos). La estructura de carácter del obrero industrial comprende puntualidad, disciplina, capacidad para el trabajo en equipo; éste es el síndrome que constituye la condición mínima para el eficaz desempeño de un obrero industrial.  Se omiten otras diferencias como: dependencia-independencia; interés-indiferencia; actividad-pasividad; si bien las mismas tienen capital importancia para la estructura de carácter del trabajador, tanto actual como futuro. 

6)    La aplicación más importante del concepto de carácter social consiste en distinguir el carácter social futuro de una sociedad socialista, tal como la imaginó Marx, de aquel otro carácter social del capitalismo del siglo XIX, con su deseo primordial de poseer propiedad y riqueza, y del carácter social del siglo XX (capitalista o comunista), que se impone cada vez más en las sociedades muy industrializadas: el carácter del homo consumens. El homo consumens es el hombre cuyo objetivo fundamental no es principalmente poseer cosas, sino consumir cada vez más, compensando así su vacuidad, pasividad, soledad y ansiedad interiores.  El individuo, que no tiene control sobre las circunstancias de su trabajo, / ni de su vida o que se siente desrealizado / se siente impotente, solo, aburrido y angustiado. Al mismo tiempo, la necesidad de lucro de las grandes industrias de consumo recurre a la publicidad y lo transforma en un hombre voraz, un lactante a perpetuidad que desea consumir más y más, y para el que todo se convierte en artículos de consumo: los cigarrillos, las bebidas, el sexo, el cine, la televisión, los viajes, e incluso la educación, los libros y las conferencias. Se crean nuevas necesidades artificiales y se manipulan los gustos del hombre. (El carácter del homo consumens en sus formas más extremas constituye un conocidísimo fenómeno psicopatológico.  Se encuentra en muchos casos en personas deprimidas o angustiadas que se refugian en la sobrealimentación, las compras exageradas o el alcoholismo para compensar la depresión y la angustia ocultasLa avidez de consumir (una forma extrema de lo que Freud llamó el “carácter oral-receptivo’”, se está convirtiendo en la fuerza psíquica predominante de la sociedad industrial contemporánea. El homo consumens se sumerge en la ilusión de felicidad consumiendo, en tanto que sufre inconscientemente los efectos de su hastío y su pasividad. Cuanto mayor es su poder sobre las máquinas, mayor es su impotencia como ser humano; cuanto más consume más se esclaviza a las crecientes necesidades que el sistema industrial crea y maneja. Confunde emoción y excitación con alegría y felicidad, comodidad material con vitalidad; el apetito satisfecho se convierte en el sentido de la vida, la búsqueda de esa satisfacción, en una nueva religión.  La libertad para consumir se transforma en la esencia de la libertad humana.

 

Este espíritu de consumo es precisamente lo contrario del espíritu de una sociedad socialista tal como lo imaginó Marx. El percibió claramente el peligro inherente al capitalismo. Su meta era una sociedad en la cual el hombre sea mucho, no en la cual tenga o use mucho. Quería liberar al hombre de las cadenas de su apetito material para que pudiera estar totalmente despierto, vivo y sensible, y para, que no fuese el esclavo de su codicia. La producción de demasiadas cosas útiles —escribió— deriva en la creación de demasiadas personas inútiles.

 Deseaba abolir la pobreza extrema, porque ésta impide que el hombre alcance su plena dimensión humana; también quería evitar la riqueza extrema, en cuyo ámbito el individuo se convierte en prisionero de su avidez.

Su objetivo era óptimo: la satisfacción de aquellas necesidades humanas genuinas que sirven de medios para una vida más plena y más rica. Una de las ironías de la historia consiste en que el espíritu del capitalismo, la satisfacción del apetito material, esté conquistando a los países comunistas y socialistas que, gracias a su economía planificada, podrían contenerlo. Este proceso tiene su propia lógica: la riqueza material del capitalismo impresionó inmensa-mente a aquellos países más pobres de Europa donde había triunfado el comunismo, y la victoria del socialismo se identificó con la competencia exitosa del capitalismo, dentro del espíritu de éste. El socialismo corre el peligro de degenerar en un sistema capaz de lograr que los países más pobres se industrialicen más rápidamente que el capitalismo, omitiendo convertirse en una sociedad en la cual la meta principal sea el desarrollo del hombre y no de la producción económica. El desarrollo de esta última ha sido alentado por el hecho de que el comunismo soviético, al aceptar una versión grosera del “materialismo” de Marx, perdió contacto, lo mismo que los países capitalistas, con la tradición espiritual humanista que tuvo en Marx a uno de sus más destacados representantes.  Es cierto que los países socialistas no han resuelto el problema de satisfacer las necesidades materiales legítimas de sus poblaciones (e incluso en los Estados Unidos el 40 por ciento de la población no es “opulenta”). Pero tiene extraordinaria importancia que los economistas, filósofos y psicólogos sociales tengan conciencia del peligro implícito en el hecho de que la meta del consumo óptimo pueda transformarse fácilmente en la del consumo máximo. La misión de los teóricos socialistas consiste en estudiar la naturaleza de las necesidades humanas genuinas, cuya satisfacción puede aumentar la vitalidad y la sensibilidad del hombre, y las necesidades sintéticas creadas por el capitalismo, que tienden a debilitar al hombre, a hacerlo más pasivo y aburrido, a convertirlo en esclavo de su apetito por las cosas. Lo que subrayo aquí no es que se deba restringir la producción como tal, sino que una vez que se hayan satisfecho las necesidades óptimas del consumo individual, se la debe canalizar hacia la multiplicación de los medios de consumo social tales como escuelas, bibliotecas, teatros, parques, hospitales, transportes públicos, etc.  El consumo individual siempre creciente de los países altamente industrializados sugiere que la competencia, la codicia y la envidia son engendradas no sólo por la propiedad privada, sino también por el consumo privado irrestricto.  Los teóricos socialistas no deben olvidar que el objetivo de un socialismo humanista consiste en edificar una sociedad industrial cuya forma de producción sirva al pleno desarrollo del hombre total, y no a la creación del homo consumens; que la sociedad socialista es una sociedad industrial apta para la vida y el desarrollo de seres humanos.

7)    Existen métodos empíricos que permiten estudiar el carácter social. Descubrir: la frecuencia de los diversos síndromes de carácter -la intensidad de los diversos factores dentro del síndrome, los factores nuevos o contradictorios que han sido engendrados por condiciones socioeconómicas diferentes - permiten indagar el vigor de la estructura de carácter existente. Si sólo conozco las “opiniones” políticas de las personas tal como han sido determinadas por las encuestas, sé también cómo es probable que actúen en el futuro inmediato. Si deseo conocer el vigor de fuerzas (que quizás en ese momento todavía no se manifiestan conscientemente) tales como, por ejemplo, el racismo, el belicismo o el pacifismo, dichos estudios de carácter me revelan el vigor y la orientación de las fuerzas subyacentes que operan en el proceso social y que quizás se manifiesten sólo después de algún tiempo. Un rasgo común a todos ellos, consiste en que evitan el error de confundir las ideologías (racionalizaciones) con expresiones de la realidad interior, generalmente inconsciente. Utilizando un test proyectivo ampliado se puede obtener una imagen verosímil de la estructura de carácter de una persona. Otros tests proyectivos, el análisis de los chistes, las canciones y los cuentos favoritos, y del comportamiento observable (especialmente de los “pequeños actos” tan importantes para el examen psicoanalítico) ayudan a obtener resultados correctos. Desde el punto de vista metodológico, todos estos estudios ponen especial énfasis en la forma de producción y en la estratificación de clases resultante, en los rasgos de carácter y en los síndromes más significativos que ellos engendran, y en la relación entre estas dos series de datos. Así, recurriendo al método de muestreos estratificados, es posible estudiar a naciones Integras o a grandes clases sociales incluyendo a menos de mil personas en la investigación. El estudioso de la psicología social marxista dedicará la mayor atención al “inconsciente socia1.”  Este concepto se refiere a aquella represión de la realidad interior que es común a grandes grupos. Toda sociedad debe hacer los mayores esfuerzos para evitar que sus miembros (o los de una clase particular) tomen conocimiento de impulsos que, si fueran conscientes, podrían desembocar en ideas o actos socialmente “peligrosos”. La censura eficaz no es aquella que se manifiesta a nivel de la palabra impresa o hablada, sino aquella que incluso impide que los pensamientos se vuelvan conscientes, reprimiendo la sensibilidad peligrosa. Naturalmente, el contenido del inconsciente social depende de las muchas formas de estructura social, y puede implicar agresividad, rebeldía, subordinación, soledad, infelicidad, hastío, etc., para mencionar sólo unos pocos ejemplos. Es necesario reprimir constantemente y suplantar el impulso contenido recurriendo a ideologías que lo niegan o afirman su contrario. Al hombre aburrido, angustiado, infeliz de la sociedad industrial contemporánea se le enseña a pensar que es feliz y que rebosa de alegría. En otras sociedades, al hombre despojado de libertad de pensamiento y de expresión se le enseña a pensar que ha alcanzado prácticamente la forma más completa, aunque en ese momento sólo sus dirigentes hablen en nombre de dicha libertad. En algunos sistemas se reprime el amor a la vida, y se cultiva en cambio el amor a la propiedad; en otros, se reprime la conciencia de la alienación. Otra forma de expresar el fenómeno del inconsciente consiste en referirse a él en los términos empleados por Hegel y Marx, o sea, como la totalidad de las fuerzas que operan a espaldas del hombre mientras éste tiene la ilusión de gozar de su libre albedrío, o, tal como lo expresó Adam Smith: “una mano invisible guía al hombre económico para promover un fin que no forma parte de su intención”. En tanto que Smith creía que esta mano invisible era benévola, Marx (y también Freud) la consideraron peligrosa; era necesario desenmascararla para despojarla de su eficacia. La conciencia es un fenómeno social; para Marx consiste sobre todo en falsa conciencia, la obra de las fuerzas de la represión. El inconsciente, lo mismo que la conciencia, es también un fenómeno social, determinado por el “filtro social” que no permite que la mayoría de las experiencias humanas auténticas ascienda del inconsciente a la conciencia. Este filtro social consiste primordialmente en a) el lenguaje, b) la lógica, y e) los tabúes sociales; está cubierto por las ideologías (racionalizaciones) que se experimentan subjetivamente como ciertas, cuando en realidad no son más que ficciones socialmente producidas y compartidas. Esta interpretación de la conciencia y la represión puede demostrar empíricamente la validez de la afirmación de Marx acerca de que “la existencia social determina la conciencia”. Por obra de estas consideraciones, surge otra diferencia entre el psicoanálisis freudiano dogmático y el de orientación marxista. Freud creía que la causa de represión efectiva (el contenido más importante a reprimir son los deseos incestuosos) es el miedo a la castración. Yo opino, por el contrario, que tanto individual como socialmente, lo que más teme el hombre es el aislamiento absoluto respecto de sus semejantes, el ostracismo total. Incluso el miedo a la muerte es más fácil de soportar. La sociedad impone sus exigencias de represión amenazando con el ostracismo. Quien no niega la presencia de determinadas experiencias está desubicado, no tiene cabida en ningún lugar, corre peligro de volverse loco. (La locura es, en verdad, la enfermedad caracterizada por la ausencia total de vinculación con el mundo exterior). Los marxistas supusieron casi siempre que aquello que obra a espaldas del hombre y lo dirige son las fuerzas económicas y sus expresiones políticas. El estudio psicoanalítico demuestra que éste es un concepto demasiado estrecho. La sociedad está compuesta por hombres, y cada hombre está dotado de un potencial de tendencias pasionales, que van desde las más arcaicas hasta las más progresistas. La suma de este potencial humano está moldeada por el conjunto de fuerzas económicas y sociales características de cada sociedad dada. Estas fuerzas del conjunto social producen un determinado inconsciente especial y ciertos conflictos entre los factores represivos y las necesidades humanas dadas que son esenciales para el normal desempeño humano (por ejemplo, un cierto grado de libertad, estímulo, interés en la vida, felicidad).  En verdad, tal como dije antes, las revoluciones se materializan como expresión, no sólo de las nuevas fuerzas productivas, sino también de la parte reprimida de la naturaleza humana, y sólo triunfan cuando se combinan las dos condiciones.  La represión, ya esté condicionada individual o socialmente, deforma al hombre, lo fragmenta, lo priva de su humanidad total. La conciencia representa al “hombre social” determinado por una sociedad dada; el inconsciente representa al hombre universal que hay en nosotros, al bien y al mal, al hombre total que justifica la frase de Terencio: “Creo que nada humano me es ajeno.” (Casualmente, éste era el lema favorito de Marx.) La psicología profunda también puede hacer un aporte a un problema que desempeña un papel capital en la teoría de Marx, aunque éste nunca llegara a una solución satisfactoria: el problema de la esencia y la naturaleza del hombre. Una respuesta asentada sobre el análisis psicológico reside en la hipótesis de que no existe una “esencia del hombre” en el sentido de una sustancia que permanece inmutable en el curso de toda la historia. La esencia del hombre reside en la misma contradicciónentre la circunstancia de que se halla en la naturalezaantojado al mundo independientemente de su voluntad, y arrebatado contra su voluntad, en un lugar y un momento accidentales, y la circunstancia de que trasciende la naturaleza por obra de su falta de facultades instintivas y por su conciencia de sí mismo, de otros, y del pasado y el presente. Existe una cantidad de respuestas calculables pero limitadas al problema de la búsqueda de la unidad. El hombre puede hallar la unidad tratando de regresar a la etapa animal, eliminando aquello que es específicamente humana (la razón y el amor), siendo esclavo o esclavizador, transformándose en cosa de lo contrario desarrollando sus poderes humanos específicos hasta encontrar una nueva unidad con sus semejantes y con la naturaleza.  Libre para convertir el desarrollo de todas sus posibilidades en la verdadera meta de su vida—, en un hombre que deba su existencia a su propio esfuerzo. Las posibilidades diferentes y contradictorias del hombre —constituye su esencia.  La libertad no implica “actuar con la conciencia de las necesidades”, sino que se asienta sobre la conciencia de las verdaderas posibilidades y de sus consecuencias, en contraste con la creencia en posibilidades ficticias e irreales que son narcóticas y destruyen la posibilidad de libertad. Respecto al fenómeno de la alienación: no se puede hablar responsablemente de alienación si no se la ha experimentado en uno mismo y en otros. Además, para alcanzar a entender plenamente el fenómeno de la alienación y para poder estudiar el grado de alienación en diversas clases sociales y las condiciones sociales que tienden a incrementarla o reducirla hay que examinar su relación con el narcisismo, la depresión, el fanatismo y la idolatría.

 

Este ensayo implica una invitación a incorporar al pensamiento marxista, como punto de mira significativo, un psicoanálisis, dialéctica y humanística-mente orientado. Creo que el marxismo

necesita de esta teoría psicológica y que el psicoanálisis necesita adoptar la auténtica teoría marxista. Esta síntesis fecundará ambos campos,

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 8 de marzo de 2023

pasiva, activa, amor



amor - pasiva - activa  


Te abrí la puerta para que entraras a mi casa, tu entraste a mi casa, te lo di todo, todo lo que había te lo di. 

No digas que adopté una actitud pasiva mientras tú eras activa. 


No, porque te abrí la puerta y tu entraste. 

Antes te invité a entrar, preparé la casa para ti, te quité los miedos, deshice los cerrojos, giré la llave en la puerta, la abrí de par en par, y tu entraste despojándote de los temores y las dudas. 


Te ofrecí todos los manjares antes de entrar y después. 

Antes, mucho antes te agasajé, te motivé para entrar, te llené de ilusión, de ansia. 

No digas que tengo una actitud pasiva y tu activa, solo porque entraste en mi casa, porque diste unos pasos, no, porque yo antes te invité y esperaba con la casa reluciente, y la mesa puesta. 


No digas que so fui pasiva, no, porque te esperaba en la puerta y tu entraste. 

Y tampoco fui pasiva, cuando quisiste entrar en mi casa sin mi permiso y yo no te dejé, te insulté y te pegué y me revolví contra ti,  y grité, te grité.

No digas que yo soy pasiva y tu activa. No.

LA DESOBEDIENCIA - E. Fromm




I. 
LA DESOBEDIENCIA COMO PROBLEMA PSICOLOGICO Y MORAL

 

Reyes, sacerdotes, señores feudales, patrones de industrias, militares y padres han insistido durante siglos en que la obediencia es una virtud y la desobediencia es un vicio. 


Dicho de otro modo, aquellos que tienen privilegios y viven a costa de ellos, promulgan, que la obediencia, -la obediencia a sus leyes-, es una virtud, mientras que, desobedecer, -no cumplir sus leyes- es el mayor pecado, -porque la desobediencia rompe sus leyes y su poder. 

 

Rebelarse contra las leyes establecidas, enaltece al hombre, es el principio de su realización personal. Su opresión implica su obediencia, su corrupción como ser íntegro, someterse a leyes impuestas desde fuera, y renunciar a sus pulsiones y necesidades vitales. Los padres representan y llevan a cabo el orden establecido desde arriba y desde fuera, en contra del sentir natural de cada ser. /

 

Así pues, el llamado “pecado original”, lejos de corromper al hombre, lo que hizo fue liberarlo; Este fue el comienzo de la historia de la liberación humana. El denominado “pecado” no lo había corrompido, sino que lo había liberado de las cadenas de la esclavitud y de la armonía prehumana.

 

Al irse desplegando la historia, el hombre desarrolla sus capacidades de razón y de amor, hasta que crea una nueva armonía entre él, sus congéneres y la naturaleza.

Toda la civilización humana se basa en un acto de desobediencia. 

Prometeo dice: “Prefiero estar encadenado a esta roca, antes que ser el siervo obediente de los dioses.

 

La humanidad continuó evolucionando mediante actos de desobediencia. Su desarrollo psíquico, espiritual, sólo fue posible porque hubo hombres que se atrevieron a decir no a cualquier poder impuesto, en contra de su conciencia. 

Su evolución intelectual dependió de su capacidad de desobediencia a las autoridades que trataban de amordazar los pensamientos nuevos.

/ basados en sus sentires porque el sentir precede al pensar /

 

La mayoría de los hombres -incluida la mayoría de los que están en el poder- viven emocionalmente en la Edad de Piedra; Aunque las matemáticas, astronomía y ciencias naturales sean del siglo XX, la mayoría de las ideas sobre política, el Estado y la sociedad siguen siendo de la edad de piedra.

 

Si la humanidad futura se suicida, será porque la gente obedecerá a quienes le ordenan apretar los botones de la muerte.

Porque obedecerá a las pasiones arcaicas de temor, odio y codicia; porque obedecerá a clisés obsoletos de soberanía estatal y honor nacional.

 

Todos los mártires han tenido que desobedecer a quienes deseaban amordazarlos, para seguir su propia conciencia, a las leyes de la humanidad y de la razón.

 

Si un hombre sólo puede obedecer y no desobedecer, es un esclavo;

La obediencia a una persona, institución o poder es sometimiento; implica la renuncia de mi autonomía y la aceptación de una voluntad ajena a mí. 

 

La obediencia a mi propia razón o convicción no es un acto de sumisión sino de afirmación.

 

La “conciencia autoritaria” es la voz internalizada de una autoridad a la que estamos ansiosos y obligados de complacer y temerosos de desagradar. Es la conciencia de la que habla Freud, y a la que llama superyó, que representa las órdenes y prohibiciones del padre internalizadas y aceptadas por el hijo, debido al temor.

 

La conciencia humanista, por el contrario, se basa en el hecho de que como seres humanos tenemos un conocimiento de lo que es humano e inhumano, de lo que contribuye a la vida y de lo que la destruye. 

Es la voz que nos reconduce a nosotros mismos, a nuestra humanidad.

 

Pero puede ocurrir que crea conscientemente que estoy siguiendo a mí conciencia; cuando en realidad, he absorbido los principios del poder; estos se han instalado en mí y los creo míos.

 

La autoridad internalizada es mucho más efectiva que la que experimento claramente como algo que no forma parte de mí. 

 

La obediencia a la “conciencia autoritaria”, como toda obediencia a pensamientos y poderes exteriores, tiende a debilitar la “conciencia humanista”, la capacidad de ser uno mismo y de juzgarse a sí mismo.

 

La obediencia a otra persona es sumisión, aunque hay que distinguir la autoridad “irracional” de la autoridad “racional”. 

 

La autoridad racional es la relación que existe entre alumno y maestro; La autoridad irracional es la relación entre esclavo y dueño.

 

Los intereses del maestro y del alumno, en el caso ideal, se orientan en la misma dirección. El maestro se siente satisfecho si logra hacer progresar al alumno; si fracasa, ese fracaso es suyo y del alumno. 

 

En cambio, el dueño del esclavo, le desea explotarlo en la mayor medida posible. Los intereses del esclavo y el dueño son antagónicos, porque lo que es ventajoso para uno va en detrimento del otro.

La autoridad irracional tiene que usar la fuerza, el engaño o la sugestión, pues nadie se prestaría a la explotación si dependiera de su arbitrio evitarlo.

 

¿Por qué se inclina tanto el hombre a obedecer y por qué le es tan difícil desobedecer? Mientras obedezco al poder del Estado, de la Iglesia o de la opinión pública, me siento seguro y protegido.

Poco importa cuál sea el poder al que obedezco. Es siempre una institución, u hombre, que utilizan la fuerza y que pretenden fraudulentamente poseer la omnisciencia y la omnipotencia. 

Mi obediencia me hace participar del poder que reverencio, -y que temo- y por ello me siento fuerte. No puedo cometer errores, pues ese poder decide por mí; no puedo estar solo, porque él me vigila; no puedo cometer pecados, porque él no me permite hacerlo.

 

Para desobedecer debemos tener el coraje de estar solos, errar y pecar. La capacidad de coraje depende del estado de desarrollo de una persona. 

Sólo si una persona ha emergido del regazo materno y de los mandatos de su padre, sólo si ha emergido como individuo plenamente desarrollado y ha adquirido así la capacidad de pensar y sentir por sí mismo, puede tener el coraje de decir “no” al poder, solo así puede desobedecer.

 

Así pues, una persona puede llegar a ser libre mediante actos de desobediencia, aprendiendo -y teniendo el valor- de decir no al poder. Pero no sólo la capacidad de desobediencia es la condición de la libertad; la libertad es también la condición de la desobediencia. 

Si temo a la libertad -porque he sido criado en la esclavitud y la obediencia- no puedo atreverme a decir “no”, no puedo tener el coraje de ser desobediente, -porque ello conlleva mi inseguridad y temor-.

 

La libertad y la capacidad de desobediencia son inseparables; de ahí que cualquier sistema social, político y religioso que proclame la libertad, pero reprima la desobediencia, no puede ser sincero.

 

/ Uno se hace libre desobedeciendo lo injusto establecido. /

 

En la historia humana la obediencia se identificó con la virtud y la desobediencia con el pecado. La razón de ello es simple: a lo largo de la historia, una minoría ha dominado a la mayoría. Este dominio se hizo necesario porque las cosas buenas que existían sólo eran para unos pocos, mientras la mayoría debía conformarse con las migajas que los poderosos les daban.

Si los pocos deseaban gozar de las cosas buenas y, hacer que los muchos los sirvieran y trabajaran para ellos, se requería una condición: que los muchos aprendieran a obedecer. 

La obediencia puede establecerse por la mera fuerza. Pero este método tiene muchas desventajas. Constituye una amenaza constante de que algún día los muchos lleguen a tener los medios -y la conciencia- para derrocar a los pocos por la fuerza; además, hay muchas clases de trabajo que no pueden realizarse apropiadamente si la obediencia sólo se respalda en el miedo. Por ello la obediencia que sólo nace del miedo de la fuerza debe transformarse en otra que surja del corazón del hombre.

 

La lucha contra la autoridad en el Estado y también en la familia era a menudo la base misma del desarrollo de una persona independiente y emprendedora. La lucha contra la autoridad era inseparable de la inspiración intelectual que caracterizaba a los filósofos del Iluminismo y a los hombres de ciencia. Esta “inspiración crítica” se traducía en fe en la razón, y al mismo tiempo en duda respecto de todo lo que se dice o piensa, en tanto se base en la tradición, la superstición, la costumbre,

la autoridad. 


/ las anotaciones que van de este modo son propias mías, no de E. Fromm/