jueves, 29 de enero de 2026

- Cuerpo, mente, comunicación - Alfa Ínstitut - Joaquín Benito: La agresividad

- Cuerpo, mente, comunicación - Alfa Ínstitut - Joaquín Benito: La agresividad: Agresividad Joaquín Benito Vallejo Diversos autores, entre ellos Hobbes o Lorenz, han considerado la agresividad  como una pul...

Todo forma parte de la vida en su proceso. Se generan acuerdos de supervivencia. Con la misma especie es más lógico, está más ligado a la propia supervivencia. El individuo depende de su especie. Es entre toda la especie que se generan comportamientos propios. Acuerdos y relaciones propias. Aunque también siempre existe una propia e individual supervivencia. Y por ello un enfrentamiento con los demás si llega el caso. La agresividad forma parte de esa fuerza, de ese impulso vital de búsqueda de vida y de defensa si llega el caso de sentirse a su vez agredido. 

Si un ser que es impedido ser por otra fuerza, no se defiende, es que ha perdido su capacidad de ser. Si un esclavo no lucha por ser libre es que ha perdido la capacidad de SER libre, o simplemente de SER.

miércoles, 21 de enero de 2026

CONFUSION



18.9.24 - Confusión. 


El mundo está confundido porque se genera confusión desde la cuna. La confusión se une con el ruido y el consumo. 

Todo es disperso, no existen reglas, ni límites, se cree que es libertad, hacer lo que a uno le venga en gana, como un instinto o reflejo, innato, como necesidad, donde el otro queda diluido. 


Los derechos de los demás transgredidos. 

El reflejo innato, el deseo, la necesidad, se convierte -se pervierten más bien- en un capricho. 

No conocen, ni existe para ellos, la historia, la génesis de los acontecimientos, los por qué. 

Si no existe historia, no existe moral, menos ética, ni principios, ni reglas, todo es confusión, desconocimiento. 

Dispersión, descentramiento. 


Hay que revolverlo todo, confundirlo, llenarlo de cosas, sinsentido. 

A más lleno, ficticio, -porque está lleno de cosas inservibles, banales-, más vacío. 


Cuanto más ruido menos se oye. 

A más garabatos, menos palabras, al tener muchos vestidos no se sabe cual ponerse. 

Al parecer todos iguales no se notan las diferencias. 


Hay que pensar, discriminar, distinguir.

 

Para que eso no ocurra se llena todo de charlatanes, de objetos que no sirven para nada, de revistas, de fotos, de imágenes, de opiniones, de decires. 

Cuanto más, menos. 


Sociedad sin cimientos sólidos, sociedad líquida, donde todo se desvanece, fluye, se escapa. Se dispersa, es humo, no se puede agarrar ni sujetar, ni sostener. 


A todo esto, lo llaman libertad. 

Porque va de un sitio para otro aparentemente libre. 

Pero no va libre, sino que lo lleva el viento, la corriente, los influencers, los charlatanes, los confundidos, los que quieren confundir, porque ellos mismos son así, no saben distinguir, pero tienen dinero, medios y recursos para propagar la confusión. 


Son famosos en eso. Sus principios, escondidos, camuflados, tergiversados forman parte de la opresión, del patriarcado, del machismo, del capitalismo. 


Que cada uno reivindique su capricho para ser libre. 


Abajo los derechos humanos elementales, la justicia, la igualdad de oportunidades. 

Sin principios. 

Todo embarullado. 


Sembrar la confusión como se siembra la ignorancia, para que dé sus frutos al sembrador.

 

martes, 13 de enero de 2026

HIERRO Y TRAPO - Vidas paralelas o dispares




1.3.24 – HIERRO Y TRAPO - vidas paralelas o dispares


Trapo envolvió a Hierro con delicadeza, dándole varias vueltas, le transmitió algo de calor, lo empapó en él.  Suavizaba sus durezas y sus frialdades. Le traslado algo de calor.


Hierro transmitía frio a Trapo, porque este estaba un poco tibio y húmedo.

 

Trapo no se inmutó y esperó. 

Hierro tampoco se inmuto, también espero hasta que dios quisiera, a ver qué  pasaba. 

Ambos se dejaron hacer.


Pero con la espera todo cambió. 


Trapo dejo de estar húmedo, Hierro dejo de estar cálido.


Hierro siente de nuevo sus durezas, aunque no estaba ya tan frio. 

Trapo, un poco menos húmedo y cálido. 


Ambos tendían a apaciguarse. Transmitirse sus estados, pero a medias.

 

Trapo seguía siendo blando, Hierro duro. Eso no lo podían evitar, no lo podía cambiar nadie. 

¿Podrían cambiarse? Era su estado natural.



Entonces Hierro dejaría de ser duro, y Trapo no sería ya blando. 


Trapo podría ser duro si una nevada cayera encima y lo congelara. 

Dejaría de tener sus características, dejaría de ser blando, pero no por mucho tiempo. 


Los estados no duran siempre, solo cuando son ese estado, cuando el estado se convierte en ser. El estado es pasajero, el ser, perenne. 


Hierro dejará de ser duro, si un fuego extremo lo licuara. 

Fuerzas contrarias actuando sobre elementos distintos.

 

Pero Hierro dejaría de ser liquido con el tiempo y volvería a ser duro. 


Trapo puede limpiar, pero Hierro no.

 

Veamos al hombre hierro y al hombre trapo, ahí está la cuestión. 


Igual que un brazo se convierte en trapo cuando se relaja y puede aguantar todos los golpes, el hombre convertido en trapo, también. 


Al contrario que un brazo de hierro llega a quebrase por ser duro, el hombre también puede romperse, por no saber recoger los golpes y no ser flexible.


Yo quiero ser trapo, blando, que limpie y relaje a los demás, dándoles calor o frio, según lo necesiten, que los cuide, que les den calor. 

 

 

domingo, 11 de enero de 2026

Las vestimentas ostentosas



 25.2.24- Las vestimentas ostentosas. –

 ¿Por qué no me gustan? –

Representan las modas, la cultura, el patriarcado – las apariencias – lo superfluo.

A propósito de la gala de los Goya. A la gente, alguien con quien lo he comentado, quizá sea la mayoría, parece que eso le resulta normal, yo digo no estar de acuerdo. 

 

APARIENCIAS - VALORACION – SEDUCCIÓN – SENCILLEZ – AUSTERIDAD – CULTURA – RIQUEZA – PODER – GENERO – ESPECTACULO – HIPNOSIS – MANIPULACIÓN 

 

Intento explicarlo aquí: 

No estoy de acuerdo con que se haga de una entrega de premios, algo parecido a un desfile de modelos, en que cada cual va a exhibir su rimbombante vestido, con sus joyas añadidas, con la intención segura de deslumbrar a la gente, de impresionar, y de que todos exclamen, AH, oh ¡yo soy la más guapa!


A la persona tiene que valorarse por su trabajo, no por su vestido. 

-Más bien, se tendría que valorar a la modista que lo ha confeccionado consiguiendo quizá una obra de arte


Porque así parece que los premios se valoran más por el exhibicionismo de las actrices, premiadas o no premiadas. 


Esto respecto a los premios Goya o similares, fiestas de todo tipo y acontecimientos, donde la exhibición de la vestimenta es lo prioritario: festivales de todo tipo, sino además otras fiestas privadas como bodas y similares


No me gustan los exhibicionismos de ningún tipo. 


La ostentación por la vestimenta tiene muchos significados, ser como pavos reales que se lucen llamando la atención e intentado seducir, o engañar a los demás.

 

Me gusta la sencillez al máximo y la austeridad. 

Creo que cada persona ha de ser lo más natural y sencilla posible. -Esto es la belleza, para mí-. 

No me gustan los adornos de ningún tipo, ni en trajes, ni los adornos en sí, ni en joyas, collares, pulseras, relojes, los perfumes que inundan el aire de olor resaltado a la persona en cuestión que lo lleva puesto, los gestos grandilocuentes y exagerados, etc., etc. 

No me gusta lo llamativo, lo que llama la atención, lo exagerado. 


Pienso que todo eso solo sirve para aparentar ser más de lo que en realidad se es, o ser algo distinto, más preciado, más valorado.

 

Cada persona ha de ser valorada, por lo que hace, por lo que piensa, por lo que es, por cómo se comporta, dejando fuera de si lo estentóreo, 

Los adornos, las apariencias, los maquillajes, etc., también muestran lo que cada uno es por debajo, en el fondo. Son conocidos por la cascara, por los envases. 


Muestran lo que quieren ocultar: el vacío, la nada que llevan dentro.

 

Ver qué se necesita aparentar para ser apreciado. 

¿Cuál es la necesidad que existe cuando todo lo basamos en las apariencias? 

Nuestra sociedad cultiva las apariencias, porque es falsa e hipócrita. 

Y todo tiene un significado y una lectura de clase según su apariencia.

 

Puede decirse que eso es cultura, producto de la cultura, y con eso justificarlo, darle una explicación y un sentido. 

 

Yo opino que todo eso sobra. 

 

No se piense que todo lo que sea llamado cultura es bueno. 

Hay personas a las que se le llena la boca con la palabra cultura, como si eso fuera algo grandioso, que no puede tener objeciones. 

La cultura, por el contrario, transmite aspectos buenos y malos, hay que saber distinguirlos, y hay que desterrar los que nos parecen malos. 

Las apariencias y los adornos me parecen malos, por ello, los rechazo. 

Porque ensalzan las apariencias, e intentan ocultar la autenticidad. 

Por otro lado, la vestimenta ostentosa, ensalza la riqueza y el poder. 

Esas vestimentas estentóreas solo las puede llevar quienes son ricos y/o poderosos. 

Los pobres no. 

Los pobres solo pueden imitar malamente a los ricos. 

Por eso se hacen prendas de imitación de los ricos. 

Los pobres al imitar a los ricos se creen que son como ellos, perdiendo un poco la conciencia de clase y la lucha de sus derechos. 

 

Otra cosa más, la mujer, el papel del género femenino. 


Este papel de ostentar por sus adornos y apariencias recae fundamentalmente en la mujer, ¿por qué? 

Se argumentará también que es por la cultura que lo ha ido transmitiendo así. 

Yo digo, que es porque la cultura patriarcal ha hecho de la mujer un objeto de adorno, y de reclamo sexual. 

Y ha puesto la valoración de la mujer en este papel de adorno, escondiendo realmente sus derechos y valías. 

En estos adornos y apariencias entran los maquillajes, las depilaciones, las pinturas, los vestidos recalcando las apariencias sexuales: pechos, nalgas, genitales.  

Todo un cuadro que nos transmite la cultura patriarcal, voceando que eso es libertad.

 

Otro tema: el espectáculo y los medios de comunicación. 

El espectáculo es una característica del capitalismo. 

Hacer de todo, un espectáculo, para que las masas no piensen en otras cosas como sus necesidades esenciales y prioritarias. 

El espectáculo produce una obnubilación, por esa razón lo utilizan tanto los poderes establecidos: grandes monumentos, grandes luces en navidad, para que las gentes queden hipnotizadas. 

Desde los romanos ya se decía que al populacho había que darle circo, para que descarguen su agresividad y sus pulsiones primarias, y no piensen. 

Por otro lado, el espectáculo es en sí mismo ostentación de poder. 

Y los medios de comunicación son los primeros transmisores del espectáculo. 

Y con los espectáculos, se imitan las cosas que se exhiben, comportamientos, actitudes, pensares, falsedades. 

 

martes, 30 de diciembre de 2025

EL SUPERYO




 ¿QUÉ ES EL SUPERYO?


La misma palabra dice ya lo que es: un ser superior a mí – externo a mí, agrego, pero que acaba introyectándose, metiéndose dentro de mí, en mi conciencia y en mi ser, teniendo más poder incluso que uno mismo, que yo mismo, imponiendo sus reglas externas, dentro de mí, -es terrible lo que estoy diciendo-. Un vampiro, un virus, otro bicho, algo que penetra en mí, vive a costa de mí, a la vez que me alimenta, y me transforma para bien y/o para mal, en otro ser superior a mí.

 

No es que sea simplemente algo externo, a la vez es algo interno, forma parte de mí sea interno o externo. Está en mi exterior y en mi interior, porque mi Yo depende de algo mío interno, como la anatomía, la fisiología, el psiquismo, a la vez que depende de algo externo, como el aire para respirar, como el medio ambiente con todos sus factores, del cual forman parte los demás seres vivos que han conformado previamente y siguen conformando el medio ambiente. 

 

Y, sobre todo, es la sociedad en la que he nacido y en la que vivo, con sus códigos, reglas, escritas o no, normas, costumbres, etc. 

 

El psiquismo que es formado tanto por la entidad biológica como por la complejidad sociedad. Todo el ser material y psíquico contienen una parte biológica y otra social. Tanto la parte material como la psíquica, tienen la virtud, y el riesgo de ser penetrados e invadidos por algo de la parte externa medioambiental y social. Y con esa invasión yo me convierto en algo de fuera, algo extraño a mí.   

 

Y sin embargo, algo extraño que necesito, aunque también no lo quiera.

 

Este superyo, ser superior que ha penetrado en mí, poseyéndome, supone, significa, encarna, la conciencia personal del mundo, -lo que el mundo externo a mí, piensa-, la cultura, la moral, lo establecido, la religión, las normas, las creencias, el poder, representado y sembrado por los padres en primera plana, que tienen a su vez características concretas, dentro de esa moral universal. 

 

La introyección del superyo, -de ese ser superior a mí- hace que ya no sea necesario el castigo exterior porque nosotros mismos nos convertimos en nuestros castigadores. Integramos todas las normas, con sus penitencias y castigos.

 

Nos sentimos culpables de haber hecho algo prohibido, no solo de haberlo sentido, de haber creído que lo hemos sentido, de haberlo pensado, imaginado, deseado. 



Lo que el ser vivo añora, es siempre algo placentero, la satisfacción de sus necesidades, porque así viene escrito en los genes. 

Algo que necesita su organismo y su ser, y que le hace crecer y desarrollarse. 


Sin embargo, con la introyección de la moral social, lo que siente, desea y necesita, se convierte en un pecado, algo prohibido y castigado, con el objetivo de que no lo vuelva a hacer, que no vuelva a desear lo placentero, lo necesario, lo que te hace grande y maduro, el fruto de tu ser, lo que te das a ti mismo y a los demás, como el árbol que da sus frutos, para que los demás los saboreen y les hagan crecer y desarrollarse.


Fundamentalmente, el origen de ese deseo convertido en pecado es la religión, que condena todo placer y nos hace sentir culpables por haber deseado lo más natural de la vida: el placer, que es el objetivo de la vida, el camino que la vida elige para desarrollarse. 


Nos acusamos de haberlo sentido, sin ni siquiera haber sido real. 

Sentir que quiero tocar, saborear, algo que me pide el cuerpo. 

¡Ah! Es que ese algo que me pide el cuerpo se ha convertido en un vicio, en un pecado, el pecado de la carne, del cuerpo, se dice, confundiéndolo todo y denigrándolo. ¡Al cuerpo, así, hay que castigarlo, porque si quiere algo es un vicio, un pecado! ¡Qué absurdo!



Eso tenía sentido, acaso, en la época de Freud y en la sociedad victoriana de su tiempo, pero hoy quizá pierda el sentido. 


Esto debe entenderse de otra manera en el capitalismo, la sociedad del derroche, los vicios, la exageración el esperpento. 

Es como dar la vuelta a la tortilla, o ponerlo todo patas arriba. 

Porque el capitalismo se basa en esos placeres de la carne que se han vuelto compulsivos. 

El consumo por consumir que es la raíz y entraña del capitalismo. 


Pero antes han de haberse convertido en necesidades esenciales las falsas necesidades de las que el capitalismo vive. 

Todo el mundo está lleno de falsas necesidades convertidas en el consumo que todos debemos saciar. 

Toda falsa necesidad es la esencia del capitalismo, y del caprichoso placer sin límites.


¿Por qué nos sentimos culpables y nos auto castigarnos? Hemos metido dentro de nosotros al juez castigador. Nos convertimos en nuestro propio juez, el que juzga, condena, y castiga, el dios trino, tres en uno.

 

En el capitalismo todo es libertad -falsa- y no existen limites para nada -falso también-. Pero, al aparentar que todo es libertad y que no existen los límites, nadie se siente culpable, ni se auto-castiga. Aparentemente ha desaparecido el superyo.

 

Nos castigamos porque al creer hacer algo malo, transferido por nuestros padres segurizantes y protectores, creemos, sentimos, perder la protección, el cuidado de nuestros padres o cuidadores. Creemos que, si no hacemos lo que nuestros padres creen, si no les obedecemos, ellos no nos darán su protección. 

Además de los padres están otras figuras afectivas y apreciadas. Nuestros familiares, amigos, profesores, personas con carismas de poder, de saber, de poseer algún don o talento.

 

El capitalismo nos concede todos los caprichos que se nos antojan. No existe el padre represor. ¿es la madre protectora y dadivosa? ¿Es el anti-padre?, el capitalismo.

 

Asociamos el hecho de no cumplir las reglas establecidas, con el abandono de nuestros protectores, porque perderíamos el afecto y la atención que necesitamos. Y cosa similar pasa a nivel social

 

Los castigos que nos ponemos entonces son terribles, simbólicos, metafóricos, porque se hacen y manifiestan de muchas otras casi infinitas maneras. Pero es mejor el castigo que la pérdida de la protección, el amor, la seguridad, el afecto, el aprecio, la atención, y otras muchas connotaciones similares. Preferimos el castigo a desobedecer las ordenes o las reglas. Preferimos castigarnos nosotros a que nos castiguen. Es terrible la introyección. 

 

Porque esto sucede así, es debido a una serie de aspectos que entran en juego y que dominan el juego. Veamos en primer lugar dos elementos imprescindibles a tener en cuenta, lo interior y lo exterior, la vulnerabilidad del ser recién nacido -considerado lo interior- y el poder absoluto del mundo o la sociedad -considerado lo exterior.

 

En este relato o exposición se considera lo interior, la propia persona, cada uno de nosotros, el yo, la conciencia, el ser, el sujeto, la independencia, el individuo, la autonomía propia; Mientras que lo exterior es el mundo, la sociedad, los otros, las normas, las reglas, las leyes no escritas, que están inmersas en la sociedad y la hacen poderosa.

 

Existen también una serie de características, y dones, propiedades o cualidades que poseen tanto el ámbito interior como el exterior, distintas o similares.

Por una parte, la capacidad de la persona para absorber el mundo que le rodea con todas sus características y elementos, y, por otra, ademas, la capacidad del mundo para meterse dentro de nosotros, de la persona. 

 

Pero, ¿Por qué tienen esas cualidades, contrarias, una y otra, la persona y el mundo? ¿Por qué nosotros lo absorbemos y porqué el mundo nos penetra?


Lo absorbemos porque con esa absorción nos hacemos igual que ellos, así lo creemos y es verdad. Nosotros nos sentimos pequeños e inválidos, al menos al nacer, y vemos y sentimos al mundo, con todas sus manifestaciones, más grandes y poderosos que nosotros. 

La cualidad innata en nosotros es mamar, mimetizar, lo que más nos atrae de ese atractivo mundo. Igual que nos atrae un dulce, físicamente, nos atrae un dulce, mentalmente. Lo chupamos y lo mamamos. 

El mundo, las diferentes partes de ese mundo, tiene la cualidad de atracción, de fuerza, de poder, de magnetismo, son como un imán, que nos atrae, y nos deja pegados a él. Porque lo que ocurre en ese mundo es grandioso y fascinante, nos seduce, nos hipnotiza.

 

El capitalismo nos seduce aún más. Es más atrayente, más festivo y espectáculo. El capitalismo se ha encargado de seducir, atraer, hacernos adictos a él. Cuanto más nos falta de nosotros mismos más dependemos y necesitamos las triquiñuelas del capitalismo, sus mentiras y falsedades. El capitalismo se ha convertido en ello -la necesidad innata, y el superyo, -la sociedad- que en este caso en lugar de quitarte el caramelo de la boca, te lo está ofreciendo por doquier.


Una parte, el individuo, el yo, la persona, se construye con la otra, la parte interna se construye con la parte externa, el mundo, los demás. 

La una se hace con la otra, ambas a la vez. La persona se hace con el mundo y el mundo se hace a su vez con la persona. 

Existe una simbiosis entre ambas entidades, individuo y sociedad, una vive por la otra, para lo bueno y para lo malo, si es que hay bueno y malo. 

Los dos elementos de la simbiosis se necesitan para vivir, se atraen por ello, uno se mete dentro del otro, el otro le deja entrar dentro con mucho gusto. 

Ambos viven por esa unión, por esa introyección, la sociedad no puede vivir sin el individuo, el individuo no puede vivir sin la sociedad. 


Igual la bacteria que se introdujo dentro de la célula formando un nuevo ser: la célula con núcleo, como lo describe Margulis. 


Ambos son colaboradores, víctimas y verdugos, amos y criados. No pueden vivir una sin la otra. 

Ambas unidas son más que dos separadas. No son una más una igual a dos. Sino que, una más una se convierten en muchas, casi en infinito.


Pero a pesar de ello, a pesar de formar parte de una simbiosis, cada miembro, goza de una cierta autonomía, o deberían gozar, es una pregunta y una afirmación. Sino no fuéramos autónomos, seriamos siervos permanentes, esclavos.

 

Vamos por partes a ver si desentrañamos algo. 

La biología y la sociedad son inseparables. Son también como una emergencia o creación simbiótica en que una alimenta a la otra. 

Y no pueden vivir por tanto separadas, porque separadas morirían. Mejor dicho, no podrían existir. La biología nace del entorno o medio ambiente. Y el medio ambiente, la sociedad, es creado y desarrollado por los seres vivos. En el ser humano, el medio ambiente fundamental es la sociedad, formada por todos los individuos. 

 

Estamos acostumbrados a ver las partes separadas, cada una por su lado, como cosas distintas. Y no es así creo yo. Están todas interactuando unas con otras, dentro unas de otras. Están todas entretejidas con los mismos hilos formando un manto que nos cobija, y a veces nos aprieta demasiado.

 

Aunque mantengan su cierta independencia. 

A eso hay que llegar, a permitir y procurar la independencia dentro de la simbiosis. Como cada órgano de un ser vivo goza de su independencia, aunque dependen de los demás irremediablemente.

 

Se dice vulgarmente, nos preguntamos: ¿Qué es antes el huevo o la gallina? Podemos preguntar de modo similar: ¿qué es antes el individuo o la sociedad? O la biología y el medio ambiente. Y todo se teje en común. Esa es la maravilla, la sorpresa, la paradoja y también el caos. 

 

Volvamos atrás para explicar algunas cosas. Hay que considerar a la persona desde que nace. Ella está sin hacer, es un niño o niña recién nacida, dependiente, vulnerable, frágil. Pero el mundo en el que nace está ya hecho, es fuerte, no vulnerable, ni frágil, ni dependiente del ser que acaba de nacer. 

 

El que nace está sometido, en principio, al lugar donde nace, al sistema en el que nace. El mundo donde ha nacido está hecho desde hace muchos años o siglos. Hay cosas de ese mundo que pueden ser relativamente nuevas, mientras que otras son muy viejas, de miles o millones de años. El que nace lo trae todo nuevo, a estrenar, excepto un aparato sensorial, neuronal, también muy antiguo, por el que tiene la cualidad de “mamar” ese mundo, de impregnarse de él. 

 

Ese mundo es sobre todo cultura, historia, costumbres, normas, creencias, manías, tópicos, esquemas mentales, tradiciones… y se ha ido configurando por las personas o seres que comenzaron a vivir en común hace miles de años, porque para vivir necesitaron a los demás, que no eran solo carne y huesos, sino, emociones, entendimientos, dudas, miedos, enigmas. 

Un mundo que entre todos ellos fueron dando forma, consistencia, confeccionando una explicación que les ofreció seguridad, y protección, física y mental. 

Ellos mismos fueron formándose a medida que se hacían a sí mismos, que crecía su entendimiento, su emocionalidad, su vida en común. 

Y a la vez fueron generando su sociedad, su vida en común, su protección mutua, con sus creencias y normas que les protegían, con sus rituales y sus tabúes.Con sus ataduras.

 

A partir de ahí, los que fueron naciendo encontraron ya una mínima seguridad y acogimiento a todas esas dudas. 

Los seres que nacían no estaban hechos del todo, se iban haciendo poco a poco, por sus experiencias en este mundo. 

Ellos eran un instrumento rudimentario que, al hacer, se hacían, se iban perfeccionando a sí mismos, en ese mundo a medio hacer, y con muchos impedimentos y determinismos.  

El ser nuevo se iba haciendo por sus cualidades innatas, instrumentos de su propia creación.

 

Una de sus cualidades es la capacidad de imitar y reproducir lo que ven. Una forma de absorber lo que hay en el mundo y hacerlo suyo. 

Adaptación, integración, aprendizaje, introyección, asimilación. / PIAGET /

No comen y maman físicamente, sino que comen por todos sus sentidos, por todos los poros de su piel. 

 

Y de manera similar a como el alimento físico es digerido por su estómago en colaboración con los demás órganos, e integrándolo en su ser, lo que le permite crecer físicamente; del mismo modo o similar, también el alimento sensorial va a ser digerido, asimilado, introyectado, en su organismo mental, formar parte de él y hacerle y desarrollarse mentalmente. 

 

Y como en todo alimento, hay cosas buenas y malas. 

Hay tóxicos y venenos dentro. -O todas las cosas tienen esa doble virtud o cualidad, o cada cosa tiene su virtud según lo utilices-. 

Que una vez adquirida la consciencia tendrá que aprender a discernir y saber lo que debe o no debe comer, física y psíquicamente. 

 


Esa consecución es la madurez psíquica emocional, consciente. Por la que se va conformando la autonomía personal.

 

En la infancia mamamos todo. Nos dan los alimentos ya seleccionados para que no nos hagan daño, pero no nos seleccionan el alimento mental adecuado, porque además se considera, que la mente o la psique no debe ser alimentada igual que el cuerpo, se cree que es cuestión de suerte o de la gracia de dios. “Mi hijo ha salido a su padre o no. Mi hijo ha salido inteligente o tonto. Mi hijo ha salido un artista o un inútil” No sale porque si, sino que se hace por lo que come por los sentidos.

 

Así que nos lo mamamos todo, todo lo que hay en nuestro ambiente, por eso es esencial que nuestro ambiente sea sano, porque si no, mamaremos basura. 


Nuestro ambiente psíquico está conformado en primera plana, ya lo hemos apuntado, por nuestros padres, cómo son cada uno de ellos y en conjunto. 

 

Ambos muestran en general, una clase social, económica, cultural, educativa, sus recursos, su cultura, su educación, siendo un reflejo de la sociedad, la religión, las normas, las prohibiciones, las culpas, los engaños, las defensas, las deficiencias. 

 

Es triste ver a una persona adulta, exponiendo las deficiencias con las que se ha alimentado, más aún, creyendo que son buenas. Idealización de los padres, repetición de sus manías, de sus miserias, de sus ignorancias, de sus malas educaciones… 

 

Es triste, compasivo, demoledor, da pena y produce furia, amor y odio, ver a personas envenenadas, que se creen puras y vírgenes. Ver como se han alimentado de tóxicos de los que no se pueden desprender, tóxicos psíquicos, mentales, personales, tóxicos en los que se han confeccionado, con los que se han confeccionado, los han hecho suyos formando parte indisoluble de su ser. 

 

Todos en mayor o menor medida, y con muchísimas variedades unos de otros, somos así. Todos nos hemos alimentado de tóxicos. Todos nos hemos educado en un ambiente malsano, nos lo hemos mamado todo, lo bueno y lo malo.

 

La gran capacidad de las criaturas, de absorber, de imitar, de mamar su ambiente, es a la vez su virtud y su pecado, lo que les da y les quita, lo que les une y les ata, sin poderse desprender nunca de ello, arrastrando esa cadena hasta la tumba.  

 

Pobres padres que creen haber dado el mejor alimento a sus hijos, si descubrieran que les han dado todo el veneno, sin haberlo querido.

 

A la sociedad no le importa, es un ente extraño que queda un poco lejos, escondida en la oscuridad, casi inexistente, y, sin embargo, ella es la responsable de todo, y también muchas cosas, sin quererlo. Porque ella lo penetra y lo siembra todo, y los niños y las personas adultas, lo maman todo. Por esa razón la sociedad está presente en multitud de asuntos pasando desapercibida. A través de la televisión, internet, la prensa, los espectáculos, las novelas, las películas, las series, los debates, las opiniones, las modas, los vestidos, los maquillajes, las tradiciones, las fiestas, los rituales, las costumbres. 

 

La sociedad capitalista lo abarca todo, no queda ningún resquicio sin pudrirse.

 

Se cuela por todos los lados y nos contagia, nos seduce, nos engaña con su poder seductor, e hipnotizador que pose, con su magnetismo para atraernos y meterse en nuestras entrañas, en nuestras almas, y hacernos creer que somos libres de elegir y de mamar, como vampiros que nos chupan nuestras ansias de vivir, como arañas que nos cazan en sus telas asesinas.

 

Esta sociedad, cultura la llaman, se halla encarnada en los padres, pobres, miseros, incultos, que hacen lo que pueden, lo poco que pueden y que ellos mismos no saben. 

 

Saben que a sus hijos les han dado de comer, que han crecido aparentemente sanos y fuertes, no saben que el ser es mucho más que carne, huesos, belleza, altura, buena presencia. Ignoran que el ser es lo que hay dentro, lo que no se ve, y que se manifiesta de miles de maneras extrañas, encubiertas, raras, que hay que saber dilucidar. 

 

Con la adultez y madurez aparente se descubre lo inmaduro que es uno y una. Atados a miles de fórmulas hechizantes que nos mantienen infantilizados, dependientes, caprichosos, narcisistas, ignorantes, deseosos que alguien nos mire y nos admire.  

 

La madurez no es ser grande de tamaño, es ser enorme de espíritu, la madurez no es física, sino psíquica. Uno puede tener 50 años o más, y ser, sin embargo, un bebé inmaduro, arrastrando las deficiencias de sus padres, necesitando los cuidados y atenciones de la infancia. 

 

Ser maduro, psicológicamente, es ser independiente, sin trabas internas incrustadas en su carne que le impiden caminar por sí solo, sin las muletas, ni trampantojos ajenos, que atan, amordazan, culpan, castigan de por vida, yendo con una cruz a cuestas por todo el camino hasta la muerte.

 

En nuestra sociedad y nuestra cultura, -capitalista- lo peor ha sido la religión católica, apostólica y romana. Y lo peor de ella es la culpa y el pecado con la que ha marcado a sus hijos. 

La culpa de sentir, de disfrutar, de fantasear, de imaginar, de crear, de hacer cosas que no estaban señaladas en el mapa de las normas, de la obediencia, castrando con ello la capacidad de hacer y de ser. 

 

La mayor castración es romper sus capacidades innatas, taponarlas, obstruirlas, impedirlas. Si éstas se cortan cuando están brotando, es el mayor asesinato, invisible. 

Porque uno ya no sabrá nunca lo que es desear o soñar, el sueño se lo convierten en pesadilla. 

Uno ya no sabrá nunca lo que es el deseo o el sueño, lo que pudo ser, acariciar, el camino que pudo recorrer, menos aún la meta, menos el calzado que pudo calzarse, para llegar a ser. 

 

La culpa, creer que se ha cometido un ignominioso pecado contra dios todopoderoso, por solo haber sentido placer, por haberlo soñado, o imaginado tan siquiera. 

El dios todopoderoso encarnado en la moral castradora, en la figura de los padres, verdugos a su pesar, ejecutores de la norma y del castigo, de la moral, del credo, del parecer, de la culpa y del pecado, el mal, el demonio. 

Pobres padres. Y pobres hijos que arrastran ese dolor, esa herida para siempre, creyéndose culpables de haber hecho algo terrible. 

Solamente visible y comprensible cuando se ha desencadenado una terrible enfermedad mental, que se estará sufriendo toda la vida, si algún psicólogo, experto, amigo o familiar no le ayuda a desprenderse de ese malestar terrible. 

O si no sucumbe antes con un suicidio. 

 

La enfermedad mental es terrible, llámese neurosis, psicosis, o como sea etiquetada. 

La enfermedad mental surge de no satisfacer los propios impulsos naturales y a la vez, no realizar las propias capacidades y potencialidades naturales y personales, que son necesidades primarias, innatas, personales físicas y psíquicas. 

La solución parece estar en compaginar adecuadamente esas 2 paradojas, estar ligado y estar libre. En qué puedo estar ligado, en que he de ser libre.  

 

Lo terrible es que el niño se siente culpable por haber violado alguna regla del superyo, de la religión, que a menudo está relacionada con el sexo, con el placer que es lo prohibido por la religión y por la sociedad. 

Porque ambas promulgan el sacrificio, el sufrimiento, para alcanzar la felicidad, en contra de los impulsos naturales que buscan el placer. 

 

La violación de la regla, por otra parte, conlleva, el temor de que las personas que te protegen, -los padres-, dejen de hacerlo, con lo cual el niño queda indefenso. Se siente solo, sin nadie y además con la idea de que ha herido a quienes le protegen y le cuidan.

 ¡Pobre criatura! Los más desvalidos son los más fáciles de manipular y esclavizar.

 

Para lavar su culpa se cae en miles de argucias y defensas inusitadas: obsesiones, manías, comportamientos…, de los que no se puede desprender y que no solucionan nada, solo lo aparentan.

La limpieza, el orden, etc. 

Son como lavar la propia culpa, repitiendo obsesivamente el orden establecido, la norma -que es el superyo esencialmente- lo correcto, / y a la vez el castigo por haber pecado, la penitencia que se pone tras haber asumido la culpa, el arrepentimiento, la confesión, el perdón. 

La religión, el superyo, el poder, lo establecido, las normas, se basan en la vulnerabilidad del ser, del niño, -que para ser amados hay que ser obedientes, ordenados, según las escrituras divinas- / que para poder ser hay que obedecer / 

Ser sujeto tiene 2 significados distintos antagónicos, complementarios: ser autónomo y ser dependiente – ser libre y estar atado. 

 

Tener lazos tiene 2 sentidos distintos, estar unido a alguien y estar atado.

Para salir de ello, cada uno ha de tomar consciencia de su falsa culpa, de su falso castigo, de su falsa penitencia. 

Y de los falsos actos que acomete para salir de ello, como liberación. 

Y ha de ser la ayuda de un profesional quien le apoye para salir de ello. 

Encontrar y seguir las vías para salir de las rutinas, de las costumbres, de las manías. Encontrar otras vías más naturales y satisfactorias.

 

Pero hoy el capitalismo se ha convertido en el yo con preferencia y fundamentalidad. Ya todos somos capitalistas. Ya hemos integrado definitivamente el superyo, al yo, haciéndolos únicos e inexpugnables