viernes, 13 de marzo de 2020

CÍRCULOS CONCÉNTRICOS



Vivimos en círculos. Círculos concéntricos.

Círculos cerrados – Círculos abiertos – Círculos grandes – círculos estrechos


Círculos compactos opacos que impiden levemente la transpiración.

O círculos permeables que permiten al menos una leve circulación hacia afuera y hacia adentro.

Pero siempre hay lindes que impiden el camino a ciertos transeúntes
.

Pero siempre hay boquetes que permiten la escapada a quien se siente preso o a quien quiere ver más luz y paisaje.

Nuestro primer círculo es la familia. 

Sus componentes principales –un padre y una madre-, han pertenecido y siguen perteneciendo a otros círculos distintos.
Así se interfieren, se cortan, se superponen, se mezclan y combinan varios círculos con contenidos imposibles de descifrar. 

Estos círculos se enlazan a su vez con cada uno de los círculos de nuestros abuelos y tíos, aunque ya sean círculos con una huella menor. Círculos que se van borrando con el tiempo o círculos antiguos que aparecen como nuevos.

Nuestro círculo primigenio nace de otros círculos, se inserta y yace bajo otros más, situados por encima envolviéndonos.
Nuestro pequeño círculo pertenece a otro círculo mayor y a otro y a otro y a otro…, casi sin fin. La familia dentro del barrio, del pueblo, de la región, de la nación, de la civilización… 

Dentro de unos hábitos, costumbres, normas, creencias, ideas, historia, fabulaciones, cuentos y mentiras.
Dentro de un estatus económico, de un modo de vida, de una forma de entender el mundo. 

El círculo más pequeño se alimenta de los círculos que le envuelven, aunque solo sea por su supervivencia.
Incluso se alimenta de otros círculos que no le pertenecen por la misma razón de la supervivencia.

Hay familias que son clanes cerrados, herméticos, con el mínimo resquicio, apertura, transparencia y permeabilidad. Costumbres y hábitos rígidos. Normas muy estrictas. Inviolables. Creencias marcadas en piedra. Son hijos de otros círculos cerrados, sellados en la roca. 

En su cerrazón han puesto su supervivencia.
Viven al lado de otros círculos, casi sin saber nada de ellos, despreciándolos a la vez que cogiendo de ellos lo que les interesa.
Viven al margen. 

Ningún círculo puede estar completamente abierto, pero tampoco completamente cerrado. Ambas formas son una amenaza para la integridad y la existencia del círculo. 

Un círculo eres tú, otro soy yo. Otro más es una ameba, otro la religión católica o cualquiera que sea, otro es una ideología, otro es un gato, otro es tu cuerpo, tu estómago, tu mente, tus emociones, otro es un banco, otro son los gitanos, otro son los ricos, otros…. 

Todos y todo lo que nos rodea somos y son círculos, encerrados unos en otros, círculos pequeños que viven dentro de círculos grandes, círculos que se entrelazan, círculos que se atraen o se rechazan, círculos que se alimentan de otros y dan de comer a otros.

Tú, yo, él, cada uno un círculo concéntrico. Con miles de círculos dentro. Miles de mundos aislados peleando entre ellos. Mundos de luces, mundos de sombras.

De diablos y ángeles. De amores y odios. De razones y locuras.

Mundos irreconciliables, mundos complementarios, mundos inseparables.
En un círculo, independientemente de que sea cerrado o abierto, pueden darse migraciones de alguno de sus componentes.
Pueden darse por lógicas distintas, porque exista una libertad grande para salir o entrar o puede darse por asfixia, rebeldía, expulsión, necesidad, azar, voluntad… 

La migración en todo caso es un estímulo para crecer, cambiar, ser, ver otros mundos, conocer otras mentes, romper esquemas, o simplemente para mudarse de círculo, hacer otro distinto o vivir en otro estatus, que puede volver a ser otro círculo cerrado.
Me he ido de un círculo no para abrirme sino para encerrarme más.
Vuelve a cerrarse el círculo.
A concentrarse sobre uno mismo, sobre su clan.

Los círculos se abren accediendo a nuevos círculos. Círculos de experiencias nuevas, círculos culturales, círculos de pensamiento, círculos diversos, círculos abiertos, círculos fluidos en constante movimiento. Siempre abiertos los sentidos. Siempre abiertos.


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